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martes, 3 de junio de 2014

Espacios públicos y ciudad



Autor: Luis López López. arquitecto

El espacio público es la ciudad. Desde las ciudades jónicas (S VIII a.C.) --que marcan el inicio de la historia de occidente--  las ciudades son sus habitantes. (“Atenas no era la polis, sino los atenienses”. Aristóteles).

Luego de esta afirmación, una interrogante: “¿Qué hace posible que personas que no se conocen, que no tienen intereses comunes inmediatos, pese a ello se toleren unas a otras y vivan juntas?”.  (J. L .Nancy). ¿Qué pasa con el ser juntos, el ser en común?. Es una pregunta de origen, de carácter ontológico, que nos interroga desde la antigüedad hasta el presente, y específicamente: ¿Qué sucede con esa dimensión espacial substancial del compartir que es la “Gran Ciudad como recinto exclusivo de lo humano”?. (B. Echeverría).



Si bien en los distintos niveles de existencia de la condición humana --el trabajo, la labor  y la acción-- (H. Arendt), los seres humanos se relacionan entre si y con la naturaleza en su devenir vital, es en la acción, campo de la política, en que se articulan juntos los diferentes elementos de la existencia común, pero sin ser ella misma la cosa común en general (que ubicaría a la política como fin último), más aún si consideramos otras formas de relación humana como las que se dan en las artes, el pensamiento, los sentimientos. El problema está, y es un tema recurrente en la historia de la filosofía moderna, cuando se ubica el ser en el individuo, y se desconoce la conflictividad propia de la relación con el otro. ¿Cómo pensar entonces el hecho de vivir juntos de un modo que no responda al solo modelo del individualismo, la desagregación de la gente, el número?.  ¿Se trata acaso de construir una ética de la conviavilidad,  del ser capaz de abandonarse al otro, del que cualquier recién llegado pueda ser bienvenido, del encuentro, aun cuando este sea perecedero?.

El primer modelo de ser-juntos --dirá Nancy-- es más el lado a lado (tocar) que el cara a cara (la mirada). Aun cuando se le pueda reprochar que no sea suficientemente ético, que no haya responsabilidad, pero es allí donde está ante todo el sentido, en tanto sentir. Uno es con. Más allá. …Somos también con los animales, con las plantas, con los objetos.

No hay identidad de ciudad,  hay flujos de corporeidades, diversidad de encuentros y mestizajes. La ciudadanía no es una condición, ni un resultado, ni un decreto, es más una tensión entre los intereses individuales y los intereses colectivos, conflictividad que se entreteje de modo inédito en las prácticas diarias.   La ciudad como espacio que propicie la libertad.

El ser juntos ubica al ser político en su complejidad, en la confrontación que lo hace deliberante, móvil, actuante; que produce desde sí mismo nuevas redes de solidaridades, que hace de nuevo la política sin diluir los posicionamientos de clase, tradición, sexualidad, etnia. “La ciudad está hecha para ser profanada” (F. Albán).

De allí que consideremos importante orientar la reflexión y práctica en la construcción de las ciudades, tanto en el campo de las representaciones como de las mediaciones. Las ciudades como representaciones que  tengan presente la noción de lo efímero, de la negociación y del cambio; que mantengan abierto y flexible su sistema semántico.  Las ciudades como mediaciones que comparten el hombre con el hombre, el hombre con la naturaleza, que propicien la vida y se hallen sujetas a una evaluación y crítica permanentes.

 Mantener la idea de la multiplicidad espacial y la coproducción de la misma,  unir desafíos estéticos con cuestiones éticas; consideraciones de tipo político, científico y tecnológico, el deseo de estar activos, innovadores, creativos y responsables. La ciudad como espacio público implica “...negociación, fricción, temporalidad y compromiso…” (O. Eliasson)

Quito/Arequipa 2014

lunes, 17 de diciembre de 2012

¡UN NUEVO ATENTADO CONTRA EL PATRIMONIO!



jaime andrade heymann - arquitecto


Otto Glass, quien fuera un relevante arquitecto checo, que vino a nuestro país en la década de 1940 diseñó muchas viviendas de las cuales quedan pocas, una de ellas es su casa, ubicada en la calle República del Salvador y Suecia N37 143, que pronto será derrocada para dar lugar a la construcción de un edificio anodino, como muchos de los que se levantan aquí.

 
¿Qué es lo que ocurre, en una ciudad que se precia de tener una lista de edificaciones patrimonio, las que tienen prohibición expresa de derrocarse?, ¿Por qué algunas obras de arquitectos reconocidos constan en esta lista y otras no?, es que la lista de edificaciones de esta categoría no se ha actualizado y las que faltan son aquellas que justamente están ubicadas en zonas de crecimiento especulativo; no es la primera edificación que está en esta situación, hace aproximadamente un año se derrocó sin que nadie haya dicho nada, la casa que fue residencia del arquitecto Gatto Sobral, para construir un conjunto residencial del que todavía no se ve la primera piedra. Igual suerte corrió la casa de la Avda. 12 de Octubre, que sin ser un ejemplo relevante de buena arquitectura levantó una ola de protestas, finalmente se suspendió la construcción, sin que se sepa hasta el momento cual va a ser el resultado de esa acción.


La casa de Otto Glass era una de las obras que debía ser registrada por una investigadora de nacionalidad eslovaca, que ha venido expresamente al Ecuador en busca de evidencias de edificaciones realizadas por arquitectos judíos de nacionalidad checa. Al llevarle a dicha casa se tiene la sorpresa de que está en esa situación; aún no se la ha derrocado, de manera que su suerte está en manos de las autoridades que deben controlar este tipo de eventos.
  
Efectivamente, nuestra ciudad tiene una historia que va desde su fundación, solamente se respeta, y eso ahora cuando han transcurrido cincuenta años de la declaración de la UNESCO, su casco antiguo; fuera de éste está librada a confrontarse con la especulación más miserable de suelo urbano, porque no reconoce nada, ni respeta ninguna implantación anterior; la ciudad se construye sobre ella misma, un ejemplo clarísimo es lo que ha ocurrido en la avda. República del Salvador y zonas aledañas; lo que fue la urbanización Lafarge, con casas modélicas de una modernidad temprana, ha desaparecido convirtiéndose en un irrefrenable enjambre de edificios, en su mayoría, de dudoso gusto y de deficiente realización que da paso a la “nueva ciudad”, con su engañosa magnificencia.




  
Es aquí donde está implantada esta casa, siendo testigo de otra época, donde las cosas eran más mesuradas y respetuosas.

De tal manera que, mediante este documento, reclamamos ante las autoridades municipales y del Ministerio Coordinador de Patrimonio, que se tomen medidas extremas para salvar este bien, que pertenece a todos quienes hacemos este país.



Quito, 16 de diciembre de 2012.